July 30, 2010

Los adultos comodones fabricamos niños comodones, dependientes, quietos, castrados en el ejercicio de sus deseos y que observan el mundo desde una silla. ¿Cómo puede extrañarnos que más adelante (y no mucho más adelante, ojo) se busquen un sillón del cual ya no se moverán más que para encender o apagar el televisor?

Me entristece de verdad ver a niños mayorcitos en sus carritos, atados o simplemente aparcados ahí como inválidos o abuelitos en sus sillas. Me entristece ver a bebés llorando en sus cunas con ruedas sin que nadie los toque.

Me encanta, por el contrario, ver a las familias que pasean de la mano, con el pequeño a hombros, el otro correteando en círculos alrededor de la madre, charlando entre sí, jugando y compartiendo un buen paseo. Me gustan los niños en las rodillas de sus padres en una reunión de amigos en torno a un aperitivo, participando, jugando cerca de los mayores o aprendiendo a sentarse en la mesa con ciertos “modales” y compartir una comida. Me gustan los padres que son capaces de cargar a sus hijos más mayores durante tres minutos, tiempo necesario para descansar sus pequeñas piernas y recibir, de paso, un buen abrazo.

Y me gustan sobremanera los niños que se rebelan en sus carros y piden a gritos que les dejen caminar.